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SECTOR INFORMAL – Diario La Tribuna



JA Ha sido común en nuestro país hablar de avance, apoyo, abandono o estancamiento de las “MIPYMES”, según la temporada, de tal manera que muchas veces nos hemos topado con un vaivén estadístico respecto a los antecedentes de las pequeñas y medianas empresas. . . Por lo repetitivo del tema, el lector desprevenido podría engañarse creyendo que en Honduras se formalizan y desarrollan “microempresas” y similares, encargadas de absorber, de paso, la enorme masa flotante de desempleados o potenciales migrantes, que colocan sus ojos en la estrella del Polo Norte como si fuera su única ilusión, conociendo las contingencias y la probabilidad de ser devueltos a su patria, como dicen, “en un abrir y cerrar de ojos”.

Los “microcomerciantes” deambulan por calles, caminos y carreteras de los principales municipios del país. Así, durante todo el mes de enero, los vendedores ambulantes, ante la escasez de divisas, miran “como hormigas” el sustento diario, el pago de los préstamos diarios y otros gastos esenciales. Al entrar el mes de febrero de cada año se empieza a respirar, con las ferias patronales, especialmente la dedicada a la “Virgen de Suyapa” que moviliza a un alto porcentaje de la población del interior, y luego la celebración del “Día del Amor”. .” y la amistad”. Asimismo, paulatinamente se reinician los viajes a los puertos y playas de los ríos y mares, mientras el turismo cultural aún se encuentra en proceso de gestación.

Por supuesto, existen diferentes tipos de “microcomerciantes” y pequeños y medianos empresarios. Dadas las circunstancias, algunas de estas actividades son familiares, ya que los familiares se apoyan mutuamente en esta supervivencia diaria. Aquellos vendedores ambulantes que se dedican al comercio de pequeñas cantidades de frutas biodegradables corren el riesgo de perder su mercancía con un solo día que las ventas hayan sido malas por distintos motivos, como lluvia, calor excesivo o continuas peleas con ciertos policías. municipal. Lo mismo ocurre en las vías y aceras de las maquilas, ya que los vendedores dependen de la afluencia de viajeros y turistas; o las fechas de pago de los trabajadores de la maquila.

Los problemas de las pequeñas y medianas empresas son similares, con la diferencia de que contratan a dos, cinco o diez empleados, a los que en muchos casos les resulta imposible pagar sus salarios. Un pequeño giro negativo en el negocio o un aviso inesperado de un competidor envidioso, y todo se viene abajo, incluso en los buenos restaurantes. Aquí cabe recordar a un productor de tomate egresado del CURLA, quien se instaló en un cruce del norte del país, y los competidores (o coyotes) le pincharon las cuatro llantas de su auto tipo paila, y al anochecer lo obligaron vender su producto a precio de ganga en el Mercado Guamilito de San Pedro Sula, con grandes pérdidas en sus labores agrícolas. El joven dejó de cultivar tomates y los jornaleros quedaron en el aire.

A lo anterior hay que sumarle el problema de los préstamos. Algunos pequeños empresarios (incluidas las fábricas de tortillas que han logrado crecer) han tenido la suerte de obtener préstamos benévolos de instituciones intermediarias de primer piso, como las cooperativas. Pero otros vendedores ambulantes toman préstamos diarios en las aceras, que deben pagar por las tardes a los prestamistas, ya sea que hayan vendido sus mercancías o no hayan vendido nada, situación que produce angustia diaria en vecinos de diferentes edades, que subsisten de el borde de la incertidumbre. El sector informal de la economía hondureña tiene derecho a evolucionar hacia mejores etapas de desarrollo socioeconómico; al igual que el sector industrial, por el bien del país y de todos los ciudadanos y residentes de la nación.